De la cima a la sima, Hans Krása fue un compositor checo,
judío y millonario cuya reputación de prodigio se malogró en el matadero
de Auschwitz. Allí lo reconoció como una res el doctor Mengele antes de
mandarlo a la ducha, pero Xavier Güell, autor de Los prisioneros del paraíso (Galaxia Gutenberg) ha otorgado a Krása la ucronía de una muerte épica.
Lo
imagina retando a Mengele. No para eludir la cámara de gas, sino para
proteger a un chaval al que había aconsejado disimular su altura, porque
el sacrificio se cebaba con los reclusos que medían menos de 1,50.
Krása asume la despiadada represalia, pero evita que su
última visión entre los vivos sean los ojos del gélido doctor nazi. Y se
tapa la cara con el pañuelo de su amada. Una aristócrata y científica
del Reich, Elisabeth von Leunberg, que no existió en la realidad y que
simboliza en la ficción el desengaño estremecido de los alemanes que
desenmascararon el régimen hitleriano en el umbral del crepúsculo de la
humanidad.
fuente: http://cultura.elpais.com/cultura/2017/01/20/actualidad/1484928165_067359.html
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